AMADA – Asociación Castellano-Manchega de Adopción y Acogimiento Preadoptivo

Cómo gestionar una adopción cuando hay hijos biológicos

El concepto de familia en nuestro país ha variado mucho. El formato de ‘Cuéntame cómo pasó’ ya no es el único normal y posible. Nuestros niños van a la escuela con compañeros cuyas familias son monoparentales, con dos papás y otras son familias adoptivas. Adoptar significa brindar la posibilidad a un niño en situación de institucionalización de poder tener una familia que está dispuesta a cuidar, educar y darle amor. A veces, esta familia cuenta con hijos biológicos y desea crecer. Otras, son familias que adoptaron como primera vía y después llegaron los hijos biológicos. Todas persiguen el mismo objetivo: el bienestar físico y emocional de sus miembros. En general, tienen una alta motivación para ser padres y disponen de recursos materiales y psicológicos para atender a sus hijos.

LAS DIFICULTADES
1. Centrarse en las carencias más que en las oportunidades. Un niño adoptado “no tiene los ojos de su madre o es igualito que su padre”. Algunas familias prefieren obviar este hecho y no informan a sus hijos sobre su historia para no hacerles sufrir como si fuera un trauma. Desde el principio se les ha de contar su origen, para que la adopción sea algo natural. El abandono es negativo, la adopción en cambio no lo es.
2. El reajuste de la familia ante el cambio. Si los mayores son hijos biológicos es mejor explicar los motivos de esta decisión. Si son adoptados y llega un hijo biológico hay que hacerles saber que no hay hijos de primera y de segunda.
3. Los conflictos entre hermanos. Son siempre los mismos: rabietas, celos, llamadas de atención… Una situación temida por los padres es cuando los hermanos se convierten en rivales y se reprochan sus diferentes cunas. Es mejor centrarse en la idea de que adoptar sirve para aportar aspectos positivos a toda la familia y dotar a los hijos de herramientas (escucha activa, empatía, respeto) para resolver sus diferencias.
4. Las comparaciones. Es mejor que los padres y la familia extensa las eviten. No se quiere a los hijos de la misma manera, independientemente de su origen, se les ama de una manera única y se les trata en función de sus diferentes necesidades. Cada uno es distinto y especial. Evitar el mito de la igualdad a toda costa.

LAS FORTALEZAS
1. Se adquieren valores y se desarrolla una sensibilidad especial. Los niños educados en estas familias son capaces de aceptar mejor la diferencia y de desarrollar una visión más tolerante ante los demás.
2. Son niños más solidarios y más empáticos. El hermano biológico será capaz de entender la experiencia previa de su hermano adoptado, comprendiendo lo que ha vivido antes.
3. Son más generosos. El adoptado podrá comprender lo que el hermano ha vivido (perder espacio, atención y tiempo de los padres) y valorar su generosidad.
4. Mayor inteligencia socioemocional. Se da la oportunidad para que cada uno exprese lo que siente, confiando en que los hijos pueden resolver cualquier conflicto desde la confianza y el afecto.
5. Desarrollan un sentido de lealtad y gratitud. Los hermanos han pasado por situaciones complicadas y las han superado juntos, sentirán que su relación es fuerte y que les unen lazos intensos. Isabel Serrano Rosa y Ana Belén León son psicólogas de www.enpositivosi.com

El El Mundo 01/06/2017